Desde Saulo hasta Siria: El vínculo que une toda persecución cristiana

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Hay una cosa que a menudo olvido cuando se trata de la persecución cristiana. Una cosa que fácilmente se me escapa de la mente cuando leo acerca de la violencia sin sentido en el Domingo de Ramos en Egipto, el asesinato calculado de los cristianos en Nigeria por Boko Haram, el secuestro del pastor Koh en Malasia o el plan de los hindúes radicales de borrar el cristianismo en India para el año 2021.

¿Qué es lo que olvido?

A veces, en medio de las noticias y acontecimientos mundiales relacionados con la violencia o la marginación contra los cristianos, olvido que todo y cualquier acto de persecución hacia los creyentes es realmente un ataque contra una sola persona: Jesucristo.

Es fácil para mí enfocarme en la violencia tangible y la opresión, y olvidar que esta es una batalla profundamente espiritual. El deseo de Satanás es acabar con los cristianos y con cualquier representación del Rey de Reyes en nuestro mundo.

Cuando Jesús confrontó a Saulo en Hechos 9, no dijo: ""Saulo, ¿por qué haces daño a estas personas inocentes?"" O ""Saulo, ¿no te importan los derechos humanos?"" No, cuando Jesús confrontó a uno de los más grandes perseguidores de los cristianos, en ese momento simplemente dijo: ""Saulo, ¿por qué me persigues?""

Todo vuelve a Jesús. Somos Su Cuerpo. La expresión más grande del Hijo en la tierra. Somos atacados, condenados al exilio, falsamente acusados, encarcelados e incluso asesinados, por causa del nombre de Jesús.

Es por eso que Jesús dijo, en más de una ocasión, ""Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan"" (Mateo 5:11).

En una conversación reciente con un trabajador de campo en el Medio Oriente, le pregunté si sería más fácil para los cristianos vivir en la región ahora que ISIS fue expulsado. Él dijo: ""… Mientras haya militantes extremistas, los cristianos de esa región serán perseguidos…"". Añadió: ""… No se trata sólo de ISIS, sino de una teología…"". En otras palabras, hay algo más profundo por debajo de la superficie, incrustado en el tejido del mundo, que se alza contra Jesús y contra nosotros, sus seguidores.

Quiero alentarte a orar por nuestros hermanos y hermanas que enfrentan una severa persecución y recordarte que somos uno en el nombre de Jesús, cuyo nombre es sobre todo nombre.


Porque desde Saulo hasta Siria, desde Egipto hasta Eritrea, desde Nigeria hasta Corea del Norte - y desde todas las demás regiones donde se produce la persecución- siempre se trata de Él. Y recuerda que, al orar por los cristianos de todo el mundo, tus oraciones hacen avanzar el Reino – y a toda la creación- cada vez más cerca del día previsto en el Apocalipsis, cuando toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor.