‘Jesús es todo lo que tengo’


La realidad de los cristianos en los países de mayoría budista es más difícil y desafiadora

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Los cantos entonan. Los devotos aguardan el nascer del sol. Los templos brillan y las gigantes estatuas de Buda llaman la atención Así son los festivales en nombre de Buda, los cuales son celebrados por mérito, prosperidad y suerte.

Las oraciones constantes, ocho, catorce, cien veces o más. Los monjes se sientan con las piernas cruzadas en meditación. El budismo es conocido por muchas cosas, pero una de las ideologías más fuertes es la enseñanza del karma, que dice "que lo que siembra, se cosecha". La religión es conocida por el esfuerzo, que las buenas obran ganan y es así como se tendrá éxito en esta vida y en las próximas.

Hoy, casi 500 millones de personas practican el budismo, representando 7% del mundo. En muchos países, él es considerado una religión de paz, pero muda de país para país. Sin embargo, para los cristianos el escenario es totalmente diferente.

En la Lista Mundial de la Persecución 2017, se encuentran 5 países budistas donde los cristianos son hostilizados: Sri Lanka (45º), Bután (30º), Laos (24º), Vietnam (17º) y Myanmar (28º). La persecución acontece de forma sutil, especialmente, dentro de casa y comunidades.

El pastor Tika* tiene una iglesia en una comunidad en la región central del Bután, donde 95% de los miembros son nativos. En 2010, él bautizó a una niña de 16 años que sufría de asma y epilepsia. Los padres consintieron el bautismo. Todo estaba bien, hasta que, en 2016, la niña fue diagnosticada con insuficiencia renal y el padre de la niña acusó y responsabilizó el pastor por la situación de su hija. Tika fue procesado. El tribunal determinó que Tika pagase mensualmente a la familia un valor equivalente a US$ 7800 dólares. El pastor buscó abogados para defender su caso, pero nadie quiso apoyarlo por ser un humilde cristiano. Para los abogados ir contra una superpotencia budista es un caso perdido.

Los miembros de la iglesia lo han ayudado para pagar esa mensualidad. A pesar de ser personas muy humildes, que ganan menos de US$ 100 mensuales, ellos se reúnen con lo poco que tienen para ayudar. La generosidad de los miembros de la iglesia, son como la ofrenda de la viuda contada en la Biblia, llena de amor y coraje.

Tika afirma: "no cometí ningún crimen. Sé que hice una cosa buena al compartir la palabra de Dios y bautizar a esa niña; pero haber sido castigado por aquello es algo que me entristece y desanima". A pesar de todo, él confía en Dios y sabe que los planes del Señor son más altos que los suyos. "Es Jesús que me da fuerza, paz y ánimo. Él es todo lo que tengo. Cuando Jesús estaba prestes a morir, él le pidió a su Padre que perdonara a sus agresores porque ellos no sabían lo que hacían. Esa característica de Cristo me mantiene de pie."

La historia de Tika no es única y se repite constantemente en países del sureste asiático. Ora por los cristianos en estas naciones, para que, a pesar de las luchas diarias, ellos puedan ser instrumentos de amor y ministrar perdón y la salvación de Cristo en todos los rincones de su aldea, pueblo y comunidad.

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