Un amor más allá de nuestro entendimiento

En Bangladesh, país cuya población es 90% musulmana, conocimos a Mansuri y Kakon. Ambas participaron en el curso de discipulado de Puertas Abiertas en 2015 y forman parte del 0,5% de la población cristiana en esta nación.

A pesar de ser cristiana desde hace más de 20 años, Mansuri nació en una familia musulmana. Cuando ella huyó para casarse con un cristiano ex musulmán, su padre no se opuso a su decisión. Por el contrario, la familia del novio, Rahim, lo desheredó por decidir casarse con una "mujer negra". Después del matrimonio, ambos, se fueron a vivir con la familia de Mansuri.

Por medio del testimonio de Rahim, toda la familia de ella se convirtió y fue bautizada.

Cuando Rahim comenzó a trabajar para una ONG cristiana, ellos se mudaron de casa. Rahim trabajaba, mientras que Mansuri cuidaba de sus tres hijos pequeños. Sin embargo, su vida no se resumía a cuidar de la casa. Ella participaba en un grupo de oración con otros 20 cristianos ex musulmanes y compartía su fe. 

Mansuri bautizó a siete mujeres a las cuáles discipula. Culturalmente es inapropiado para un hombre tocar a una mujer y debido a ello, Mansuri llevó a cabo el bautismo de ella. A causa de la persecución, sus hijos eran insultados en la escuela, la familia decidió mudarse a la capital del país, Dacca. Allí, Rahim hizo un seminario bíblico de tres meses.

El deseo de Mansuri era estudiar en el seminario también, pero el presupuesto familiar no lo permitía. Entonces, ella al enterarse del curso gratuito de discipulado de Puertas Abiertas, se puso muy feliz. Ella participó del curso por un año, en 2015. Luego empezó a aplicar todo lo que había aprendido y a discipular a otras familias. "Yo conocía a siete familias que sólo iban al culto de domingo en la iglesia, así que comencé a reunirme con las mujeres una vez por semana", cuenta.

Pero eso no era suficiente. Ella comenzó a visitar familias pobres en los barrios más bajos y a llevar a los niños a casa, donde les daba una merienda y clases de refuerzo, además de actividades como pintar y cantar. Hace un año, Mansuri abrió una clase dentro de una comunidad carente, con 18 niños. Ella alienta a las mujeres que discipulan a involucrarse en los proyectos comunitarios también. Ellas hacen vigilia de oración una vez al mes y ven milagros en la vida de las personas por quienes oran.

Durante 15 años, Kakon no sabía que su marido se había convertido al cristianismo. Cuando descubrió, se enfadó. "¿Cómo puedes dejar la ‘verdad’ y convertirte en un ‘kafir’?" -Kafir significa infiel/traidor en árabe. Ella lo cuestionaba.

Pero él estaba orando para que Kakon pudiese ver a Jesús a través de su vida. Y así lo hizo. En 2012, ella se convirtió y fue bautizada. Hoy, los dos son conocidos en su comunidad como seguidores de Jesús, lo cual, sin duda, los lleva a la persecución.

Por el hecho de declarar la fe en Jesús abiertamente, la familia cortó todos los lazos con ellos y no los aceptan más. Los vecinos y amigos pasaron a discriminarlos, al punto de tener que mudarse y no tener ningún contacto con la familia. Pero la peor pérdida fue la del hijo de 15 años, que decidió permanecer musulmán. "Yo estaba muy triste, pues había perdido a mis suegros, y ahora mi hijo". Pero después de años orando y hablándole de Jesús, él decidió rendirse al Señor. En 2017, después de completar los 10 módulos del discipulado, Kakon se formó y comenzó a discipular a 12 estudiantes. El único hermano de Kakon también dejó de hablar con ella, pero ella sigue siendo una discipuladora, a pesar de toda oposición.

Estas dos mujeres, con historias diferentes, tienen una cosa en común: El amor de Cristo que transborda en ellas y a través de ellas. Ese amor las hace permanecer firmes, luchar, esperar y perseverar. ¡Ora para que ellas continúen compartiendo el amor del Señor, a pesar de las circunstancias!

El amor no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 
El amor nunca deja de ser... 

1° Corintios 13.6-8