"SOMOS HIJOS DE DIOS”- MADRE NORCOREANA REVELA 30 AÑOS DE SECRETOS

En este país (colocado en primer lugar en la Lista Mundial de la Persecución hace más de 17 años), los padres no pueden arriesgarse a contarle a sus hijos sobre su fe, tal vez esta sea una de las restricciones más triste en Corea del Norte. Algunos padres esperan hasta que los niños sean adultos, para contarles el "secreto familiar". Otros, como los padres de Lee, nunca sienten esa libertad.
"SOMOS HIJOS DE DIOS”- MADRE NORCOREANA REVELA 30 AÑOS DE SECRETOS En Corea del Norte, compartir sobre Jesús suele ser una actitud arriesgada

Lee Joo-Chan, ahora pastor en China, creció sin saber el "secreto familiar". Actualmente, con 50 años, Lee es uno de los miles de norcoreanos que creció en una familia cristiana sin saberlo. Pues, cuando la fe de un cristiano es descubierta, esa persona y tres generaciones de sus familias se enfrentan a la cárcel, a la tortura física y mental e incluso a la muerte.

30 AÑOS DE SECRETOS REVELADOS

"Sabía que mis padres eran diferentes. Todos los llamaban "padres comunistas" porque se ocupaban de los enfermos, los pobres y los necesitados. Por la noche, leían un libro secreto, del cual no se me permitía leer. Pero yo lo escuchaba susurrar algunas palabras, y supe que ese libro ‘prohibido’ era una fuente de sabiduría. También sabía que, si alguna vez le hablaba de esto a otra persona, nuestra familia sería separada”.

La madre de Lee Joo-Chan llegó a la fe antes de la Segunda Guerra Mundial durante el tiempo en que Corea era un país y Japón lo gobernaba. Cuando el dictador Kim Il-Sung llegó al poder después de la guerra, comenzó la persecución cristiana en Corea del Norte y se cerraron las iglesias. Lee escapó de su país natal a finales de los años 90. Su madre salió después de algún tiempo también. Él describe su encuentro.

“Fue un momento muy emotivo encontrarse con ella en China. Por primera vez, mi madre pudo decirme todas estas cosas que había mantenido en secreto para mí durante más de 30 años.

Ella tomó mi mano y me llevó a una iglesia en una casa vacía. Allí, me contó cómo se convirtió en cristiana en 1935 cuando tenía nueve años, que sus padres también habían sido cristianos y que todos se servían unos a otros durante la ocupación japonesa de Corea. Ella anhelaba esos días.

Ella explicó cómo Cristo vino a este mundo y murió por todos nosotros. Me dijo todo lo que necesitaba saber sobre nuestra fe: que me había dado a luz, pero que en realidad era hijo de Dios”, dijo. “Él te protegerá y te dará un lugar para vivir. Cree en él. Sé fiel. Tu vida eterna comienza desde aquí”.

La madre de Lee comenzó a orar. En voz alta. Incluso gritando. Oró por tres horas, el sudor cubría todo su cuerpo. "Ella oró por mí, por Corea del Norte y la gente de Corea del Norte", dice Lee. "Ella le rogaba al Señor que salvara a su pueblo".

Más tarde, la madre de Lee y su hermano, que también habían venido a China, regresaron a Corea del Norte. No tenían idea de que alguien los había traicionado, y cuando cruzaron el río, aparecieron cuatro soldados ocultos. Uno golpeó a la madre de Lee con su rifle y la mató instantáneamente. Su hermano fue apuñalado con machetes hasta morir. Lee fue testigo de los asesinatos desde el otro lado del río. Más tarde supo que su padre y otros hermanos también fueron arrestados y asesinados.

El joven que había recibido oración por su madre pudo llegar a Corea del Sur y, finalmente, cumplir el deseo de su madre al convertirse en pastor y seguir a Jesús.

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TRES MOTIVOS PARA LA FE SILENCIOSA

Basados en nuestras conversaciones secretas con creyentes norcoreanos, hay tres razones por las cuales los padres norcoreanos no comparten el evangelio con sus hijos pequeños:

1. Adoctrinamiento continuo: desde la cuna hasta la tumba y desde la mañana hasta la tarde, todos los ciudadanos de Corea del Norte están sujetos al adoctrinamiento. Durante todo el día, a través de la televisión, los canales de radio, los periódicos e incluso los altavoces, se propagan propagandas sobre ellos. Una de las primeras palabras que los padres norcoreanos deben enseñar a sus hijos son las palabras "Gracias, Padre Kim Il-Sung". En la escuela, aprenden sobre la familia Kim y sus maravillosas acciones. Se inclinan en reverencia a las estatuas e imágenes. A través de libros y películas de animación, se les enseña que los cristianos son espías malvados que secuestran, torturan y matan a niños inocentes de Corea del Norte, y luego venden su sangre y órganos.

2. Demasiado arriesgado: "Tenía miedo todos los días por mi vida en Corea del Norte", comparte Lee Joo-Chan. Pero los niños no siempre son conscientes de la seguridad. Pueden accidentalmente cantar una canción o contarles a sus amigos una historia bíblica en particular. En la escuela, los maestros pueden preguntar si sus padres leen un libro negro determinado. Compartir el evangelio es extremadamente peligroso.

3. No tienen a quien contarles: Lamentablemente, en Corea del Norte, decenas de miles de niños (quizás más) se han quedado sin hogar porque sus familias cristianas fueron destrozadas por la muerte, los arrestos u otras tragedias. A veces alguien puede llegar a China pero no puede regresar. La dura vida norcoreana ha roto innumerables familias, asustando a los niños sobrevivientes de por vida.

En este video puedes conocer la historia de una pequeña niña, que fue engañada en la escuela para entregar a sus padres cristianos. 

A pesar de estas restricciones asustadoras, existe una iglesia en Corea del Norte: hermanos y hermanas que necesitan nuestras oraciones y apoyo para permanecer firmes. No dejes que ésta sea una simple noticia, separa un tiempo de intersección por ellos.

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ORANDO POR LOS PADRES Y NIÑOS DE COREA DEL NORTE

Sin lugar a dudas, el punto de oración más importante para los padres cristianos de Corea del Norte es que algún día puedan compartir el evangelio con sus hijos. Por favor ora por:

  • Oportunidades para vivir el evangelio, incluso cuando los padres no pueden hablar sobre su fe.
  • Protección para las familias cristianas y momentos para compartir la Palabra de Dios con libertad.
  • Resiliencia y fuerza para los cristianos que fueron descubiertos y, hoy, se encuentran en prisiones o campos de trabajos forzados.