La persecución a los cristianos en Corea del Norte

En el país donde el líder político debe ser adorado, los adoradores de Jesús son considerados como un peligro y amenaza al Estado
La persecución a los cristianos en Corea del Norte Nuestros hermanos norcoreanos, que viven un contexto de absoluta opresión, cuentan con nuestras oraciones

En este mes de junio, Puertas Abiertas América Latina sigue abordando a Corea del Norte en sus publicaciones. Se trata de la nación número 1 en la Lista Mundial de la Persecución desde 2002. Esto clasifica a Corea del Norte como el país más cerrado del mundo al evangelio y donde es más difícil vivir como cristiano. Para comprender la dinámica de la persecución a los cristianos, es necesario saber qué tipos de persecución predominan en el país, los cuales son la opresión comunista/post-comunista y la paranoia dictatorial.

Mientras, en teoría, Corea del Norte sigue siendo un país comunista, en la práctica lo que predomina es el culto a la personalidad del líder. Sin embargo, como el país todavía es gobernado de acuerdo con costumbres administrativas comunistas, ese sigue siendo el principal tipo de persecución. Además, el énfasis del líder se está moviendo del ejército al Partido de los Trabajadores de Corea. Esto también muestra que el post-comunismo todavía tiene una gran influencia. El resultado del 7º Congreso del Partido de los Trabajadores de Corea, en mayo de 2016 (el primero después de 36 años) no alteró nada visiblemente, ni en el plano económico ni en lo ideológico.

Corea del Norte es un claro ejemplo de país dominado por la paranoia dictatorial. Este tipo de persecución se refiere a la dictadura irrestricta de los gobernantes del país. Desde 1948, Corea del Norte es gobernada por la familia Kim, cuyo gobierno está ahora en la tercera generación. Todos tienen que reverenciar el liderazgo y, debido a ese culto a la personalidad del líder, el presidente Kim Jong-un es una figura insustituible para la sociedad.

Aunque el poder del actual presidente no es tan absoluto como el de su padre y su abuelo, nadie puede cuestionar su autoridad. Kim Jong-un consolidó su estatus a través del poder nuclear. Esta reverencia y adoración como a un dios no deja espacio para cualquier otra religión y cualquiera que se atreve a reverenciar algo o alguien que no sea la dinastía Kim es visto como una amenaza para el Estado. El título oficial del presidente es: "Querido y respetado camarada Kim Jong-un, presidente del Partido de los Trabajadores de Corea, presidente de la Comisión de Asuntos del Estado de la República Democrática Popular de Corea y Supremo Comandante del Ejército Popular Coreano".

El Estado es la principal fuente de persecución

Kim Jong-un cambió el juramento nacional, acortando las referencias a las realizaciones de su padre y abuelo y dando énfasis adicional a sus propios hechos, mostrando claramente su consolidación en el poder. En octubre de 2017, Kim Jong-un promovió a su hermana para el politburó (comité central del Partido Comunista), elevándole a la élite política del país. También participó en las Olimpiadas de Invierno en Corea del Sur y en varios encuentros. Esto enfatiza la realidad de Corea del Norte, donde gobernar el país y el Partido es un negocio de familia, aunque eso no significa que uno tenga algún poder propio.

La principal fuente de persecución en Corea del Norte es el propio Estado, en la figura del gobierno y del partido. Los cristianos no sólo se ven como peligrosos y su religión como el "opio del pueblo" (como dice la ideología comunista clásica), pero también son parte de la clase hostil de acuerdo con el sistema de estratificación social llamado Songbun.

Debido al constante adoctrinamiento que impregna todo el país, los vecinos se vigilan unos a otros y relatan actividades sospechosas a las autoridades. Incluso la propia familia entrega a un cristiano a la policía. Los niños, de modo especial, pueden creer más fácilmente en lo que son adoctrinados y por eso entregan a sus propios padres, convencidos que están haciendo lo correcto. Por eso, muchos padres prefieren no contar a los hijos sobre la fe en Cristo.

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