La historia de la prisionera 42

Cristiana norcoreana relata la realidad de la prisión en el país número 1 de la Lista Mundial de la Persecución
La historia de la prisionera 42 En la celda solitaria, sólo podía orar y cantar en su corazón, nunca en voz alta (foto representativa)

"Lo primero que me quitaron cuando llegué allí fue mi nombre". Es así como una cristiana de Corea del Norte describe su primer impacto al llegar a un centro de detención. “Todos los días, a las 08 de la mañana, llamaban al ‘prisionero 42’. Entonces tuve que arrastrarme. Cuando me levantaba, no podía mirar a los guardias. Tenía que levantarme, con las manos hacia atrás y seguirlos hasta la sala de interrogación", cuenta.

“Todos los días, por una hora, hacían las mismas preguntas: ¿Por qué fuiste a China? ¿Quién encontraste allí? ¿Fuiste a la iglesia? ¿Tienes una Biblia? ¿Has conocido algún surcoreano? ¿Eres cristiana?” A pesar de ser cristiana y amar a Jesús, ella negaba todo, pues si admitía que tuvo ayuda de cristianos chinos sería asesinada.

Un día, mientras caminaba en la calle en China, un coche se paró cerca de ella y ella pensó que le iban a pedir información. Pero la agarraron y la colocaron dentro del vehículo. "Cuando la puerta se cerró y el carro arrancó, percibí que mi vida había terminado". Después de unas semanas en una cárcel china, fue enviada a las autoridades norcoreanas, que la llevaron a un campo de trabajos forzados. Allí, en la prisión, sus ropas fueron rasgadas para que pudieran registrar todo su cuerpo. Ellos rasparon todo su cabello, le dieron otra ropa y la llevaron a su celda.

El descubrimiento de la fe

Ellos la agredieron y la golpearon todos los días. Lo que más dolía eran los golpes en el oído, que la hacían quedarse con un zumbido fuerte por horas, algunas veces por día. Al final del día, ella volvía a la celda, que era caliente durante el día y fría durante la noche; y era tan pequeña que ella apenas podía acostarse. De cualquier forma, no era permitido acostarse por mucho tiempo; tenía que quedarse sentada y con los puños cerrados, sin poder abrirlos.

"Yo estaba en la solitaria porque ellos pensaban que yo creía en Dios. Entonces, recordé que cuando era pequeña, mi abuelo creía en Dios. Todos los domingos, él me mandaba a salir de casa y jugar en el exterior. Yo no entendía por qué y no quería salir, pero él me forzaba. Cuando hui a China debido al hambre que acababa con Corea del Norte, conocí a otros cristianos y fui tocada por ellos. Ellos nunca hablaron del evangelio, pero yo participaba de los cultos junto con ellos. Hasta que una noche soñé con mi abuelo. Yo lo vi sentado con otros hombres, con una Biblia en el medio y todos estaban orando. En el sueño, yo gritaba: ¡Yo también soy cristiana!” Hasta este entonces ella pensaba que era la primera persona de la familia a seguir a Cristo, pero fue allí que percibió que era de una familia cristiana.

En la solitaria, ella podía oír las voces de los demás prisioneros, pero nunca los veía. Todo lo que podía hacer era orar y cantar en su corazón, nunca en voz alta. Un año después, ella pensaba que moriría en aquella celda solitaria. "Un día me llamarán y no me voy a mover. Ellos van a descartar mi cuerpo y otro prisionero tendrá el número 42 y vestirá mis ropas", era lo que pensaba.

(Esta historia continuará...)

¿Conoces la Lista Mundial de la persecución?

Es un ranking elaborado cada año por Puertas Abiertas, en él se enumeran los 50 países donde la persecución a los cristianos es más severa. Este año la Lista será lanzada el 16 de enero. No dejes de acompañar este lanzamiento y continuar orando por la Iglesia Perseguida.

Bendice a los cristianos norcoreanos

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