República Islámica de Afganistán

República Islámica de Afganistán

  • Capital: Kabul
  • Región: Asia Central
  • Líder: Ashraf Ghani
  • Gobierno: República islámica
  • Religión: Islamismo
  • Idioma: pashto, dari
  • Puntuación: 93
  • Fuente de Persecución: Opresión Islámica

POBLACIÓN
MILLONES

CRISTIANOS

MILES

Afganistán es un país inestable, marcado por el extremismo islámico que no experimenta libertad ni paz desde hace siglos. Extremistas luchan contra las tropas del gobierno afgano en el noreste del país y atacan a las minorías. Grupos como el Talibán y el Estado Islámico demostraron su poder en una ola de ataques en 2016.
En un país listado por la Comisión de Libertad Religiosa Internacional de los Estados Unidos en 2015, como una nación que viola gravemente patrones de libertad religiosa, la situación de la iglesia es cada vez más difícil.
Debido a la enorme inseguridad, es casi imposible que los cristianos se reúnan abiertamente en comunidad. Por eso, no hay iglesias públicas en Afganistán.
A causa de la presión política y social, mantener en secreto la fe en Jesús acaba siendo la opción de muchos musulmanes que se convierten. La persecución es extrema en todas las esferas de su entorno, especialmente para los cristianos de origen musulmán, que enfrentan presión de la familia, comunidad y nación para negar la fe. Muchos fueron asesinados después de que su conversión fue descubierta; otros fueron llevados a clínicas psiquiátricas, ya que nadie en perfecto juicio abandonaría el islamismo y muchos otros tienen sus propiedades destruidas o ellas son dadas a otras personas forzadamente. Hechos que suceden incluso ante la mínima sospechosa de que se han vuelto cristianos.
Así, se encuentran en secreto, lo que hace más grande la necesidad de instrucción bíblica y líderes preparados para la Iglesia Perseguida en esta nación. Los cristianos, en su mayoría, se quedan solos o en pequeños grupos. Sin embargo, muchos permanecen firmes en medio de la fuerte persecución y, a pesar de todos los peligros, el cristianismo continúa creciendo.
 

En 1979, el ejército soviético invadió e implantó el gobierno comunista. Se estima que más de un millón de personas murieron en la guerra subsiguiente. Las últimas tropas soviéticas partieron en 1989, y el movimiento de los jihadistas, apoyado por Estados Unidos y Pakistán para derrocar a Mohammad Najibullah, el gobernante afgano colocado por los soviéticos, desencadenó una devastadora guerra civil.

En 1996, el Talibán asumió el control de Kabul e impuso una dura línea del islam - la ley sharia - hasta 2001, cuando fue expulsado del poder por la invasión militar liderada por Estados Unidos tras el atentado del 11 de septiembre de 2001. La OTAN asumió la responsabilidad por el mantenimiento de la seguridad en el país en 2002.
En 2004, Loya Jirga adoptó una nueva constitución que preveía una fuerte presidencia. Luego, Hamid Karzai ganó las primeras elecciones presidenciales y en 2005 se realizaron las primeras elecciones parlamentarias desde hace más de 30 años. La OTAN terminó formalmente su misión de combate en Afganistán en 2014.

En el mismo año, las elecciones llevaron a una suspensión política, que sólo pudo resolverse cuando el ex ministro de Relaciones Exteriores y de etnia tajique, Abdullah.  Abdullah, reconoció su derrota y aceptó a Ashraf Ghani como nuevo presidente. Abdullah fue entonces anunciado como director ejecutivo del país, una posición no encontrada en ninguna parte de la constitución afgana.

 

Situación política y social reciente
El noventa por ciento de los musulmanes siguen el islamismo sunita, mientras que el 9,7% se adhiere al islamismo chiita. La tribu Hazara es predominantemente chiita, mientras que el principal grupo étnico, el Pashtu, es sunita. Ellos dominan el paisaje político, pero necesitan minorías como los uzbek y los tajik para ejercer el poder. Hay muy pocos sikhs, hindúes y bahai en el país, los cuales no tienen mucha más libertad que los cristianos, pero su ventaja es que no se ven como occidentales.
Afganistán se enfrenta a una sombría situación de seguridad debido al influjo de militantes islámicos radicales en la forma del grupo Estado islámico. Los talibanes islámicos radicales están más presentes en más regiones y provincias que en los últimos años.

Las facciones concurrentes de grupos islámicos radicales, así como un gobierno débil y dividido no favorecen el futuro del país. Afganistán sigue siendo el país con más minas de bombas terrestres en el mundo, el nivel de criminalidad es alto, las pandillas criminales son activas en numerosas regiones y secuestros ocurren con frecuencia.
La vida para la mayoría de los afganos es un acto de equilibrio constante con poca esperanza de mejora. Más del 50% de la población tiene menos de 20 años de edad y el alto crecimiento de la población sólo agrava los problemas. Las tasas de desempleo, pobreza e inflación siguen siendo muy altas. Debido a la falta de perspectivas, muchos jóvenes se involucran en el tráfico de drogas, como el opio, o se unen a grupos militantes.

Afganistán está en una posición incómoda, pues es un país sin litoral y, debido a décadas de guerra civil, la infraestructura no sólo es muy mala, pero también está limitada en capacidad. Hoy, el país no tiene condiciones para gozar de sus minerales ricos y, probablemente, petróleo y gas, pues se necesita inversión extranjera, lo que a su vez necesita estabilidad y previsibilidad para ser aplicado. Incluso China, que tiene hambre de mercancías y está dispuesta a asumir más riesgos que la mayoría de los demás inversionistas, sigue siendo cautelosa.

Uno de los principales problemas económicos que afronta Afganistán es con las drogas ilícitas que, como el opio, son mucho más lucrativas que cualquier otra cultura agrícola. En comparación con el trigo, los agricultores pueden ganar once veces la cantidad de dinero con la producción de amapola. En consecuencia, el comercio del opio representa alrededor del 15% del equivalente del PIB lícito del país. Los talibanes están fuertemente involucrados en la producción de drogas, se estima que del 70% al 80% de todas las ganancias de tráfico de drogas terminen en los bolsillos del Talibán. El principal centro de producción de opio de Afganistán, la provincia del sur de Helmand, es el hogar de cerca del 50% de la zona del país, adecuada para el cultivo de amapola y una fortaleza de los talibanes.

La ayuda exterior no sustentará el avance del país si no se resuelve el problema de la corrupción desenfrenada. El fuerte empeño del vecino Pakistán en devolver un gran número de refugiados afganos, aumenta la presión sobre las estructuras sociales, de salud y economía.

De acuerdo con las estadísticas de la World Christian Database, más del 99% de la población son musulmanes (4/5 de ellos son sunitas) y hay pequeños grupos de hindúes, budistas y cristianos en el país.
Los dos idiomas principales son el pashtu y el dari (dialecto del farsi). Los mayores grupos etnolingüísticos son: pashtun, tajik, hazara, uzbek, aimak, turcomeno, baloch y otros.

Hay muchas tensiones étnicas en Afganistán, pues los pashtuns son a menudo considerados dominantes. La cooperación política está constantemente afectada por la desconfianza y el gobierno de unidad nacional (forjado por los poderes internacionales en 2014) no es una excepción.

El país no está sólo en una guerra sin fin, pero también está dividido entre diferentes grupos étnicos que son fuertes en diferentes partes del país. La constitución afgana menciona a 14 grupos étnicos diferentes. Parece que todos tienen por objeto garantizar su propia posición y no están interesados en el bienestar de Afganistán como un todo. Un famoso dicho afgano ilustra: "Primero, mi tribu, después mi pueblo y después el país". Esta actitud deja al país con caminos difíciles por delante, especialmente debido a la debilidad de las fuerzas de seguridad nacionales.
Afganistán siempre ha sido un campo de batalla para sus vecinos más grandes, pero Inglaterra, Pakistán, India, Irán, Rusia y China tienen intereses en juego, así como los países que capacitan a las fuerzas internacionales, principalmente a Estados Unidos. Estos intereses no sólo tratan con fronteras disputadas, tráfico ilícito de drogas y diseminación de grupos violentos en fronteras afganas, pero también con una profunda desconfianza de toda influencia extranjera. El gobierno intenta hacer frente a la situación, buscando préstamos adicionales y tratando de abordar cuestiones diplomáticas complejas.

Los talibanes todavía gobiernan partes del país y tienen una influencia considerable, como muestra el elevado número de ataques y enfrentamientos con fuerzas gubernamentales, luchando por la supremacía de varias provincias. El nuevo liderazgo de los talibanes está aún más inclinado a las opiniones religiosas extremistas y ha reforzado sus campañas de control de áreas, resultando en un número aún mayor de personas muertas en ataques o desplazamientos.

De acuerdo con la ONU, 8.397 civiles fueron muertos o heridos y 382.371 personas huyeron de sus casas de enero a septiembre de 2016.
 

La historia inicial cuenta que el cristianismo pudo haber llegado a Afganistán en el siglo II. De acuerdo con las tradiciones transmitidas por Eusebio de Cesarea - conocido como el padre de la historia de la iglesia porque sus escritos traen relatos de la iglesia primitiva -, los apóstoles Tomás y Bartolomé llevaron el evangelio a Parthia y Bactria en los años 260 a 339, que hoy incluye el noroeste de Afganistán.
Congregaciones cristianas que se desarrollaron en la iglesia nestoriana y en ciudades afganas como Her?t, Kandahar y Balkh se convirtieron en sedes. En el siglo VIII, un gobernante cristiano se convirtió al islamismo y se convirtió en un sultán, llevando una declinación del cristianismo y hasta el punto de casi extinguido completamente por el reinado de Timur, en 1405.
En el siglo XVII, comerciantes armenios llegaron a Kabul y, con el tiempo, una pequeña comunidad cristiana se desarrolló, pero fue forzada a abandonar el país en 1871. Los intentos en la construcción de una iglesia protestante en Kabul llegaron a su fin en 1973 y hoy, el cristianismo es completamente clandestino y los cristianos, secretos.
 

Oficialmente, no hay cristianos en este país de masiva mayoría musulmana, además de militares internacionales, diplomáticos y trabajadores de ONGs. Los cristianos nativos (en especial aquellos de origen musulmán) se esconden al máximo.
Se afirma que, en el sótano de la embajada italiana, aún hay una iglesia legalmente reconocida -la única en el país, pero no es públicamente accesible y por lo tanto sólo sirve para los cristianos extranjeros.

No existen denominaciones en Afganistán. Puertas Abiertas registra la presencia de seguidores de Cristo individuales y pequeños grupos de cristianos, pero ninguna iglesia organizada, ni extranjera ni de nativos, y prefiere no dar un número exacto, ya que la conversión es una decisión muy peligrosa tomada por los ex musulmanes. Hay numerosas congregaciones de cristianos afganos en el exterior, según relató el diario The Guardian en 2010.

La creciente influencia del Estado Islámico y la creación de la Provincia Islámica del Estado de Khorasan enfatizaron una vez más que Afganistán no carece de grupos radicales que desprecian cualquier enseñanza cristiana y no dudan en atacar todo lo que se perciba como cristiano.

Los cristianos extranjeros continúan siendo blancos de militantes islámicos, aunque ellos no testifiquen explícitamente sobre su fe cristiana, sino que sean empleados por instituciones de caridad motivadas por la fe cristiana.

El término "sociedad civil" es prácticamente desconocido, de modo que los grupos de presión que cuidan el desarrollo social, de las cuestiones relacionadas a los derechos de las mujeres, las minorías o de los derechos humanos en general tienen poca influencia para el desarrollo político del país. Los grupos que apoyan los derechos del Estado, la participación en el proceso político o la responsabilidad gubernamental, son rápidamente sospechosos de ser agentes de la comunidad internacional, promoviendo la agenda del Occidente. Estas acusaciones no son sólo del gobierno, sino también de la sociedad. Esta mentalidad hace más fácil para cualquier tipo de insurgentes movilizar a un gran número de la población a oponerse a "ocupantes extranjeros" que son rotulados como infieles. Esto parece aplicarse también a las organizaciones no gubernamentales occidentales que trabajan en el país, incluyendo a los pocos cristianos. Esta es una de las razones por las que los ataques contra los trabajadores humanitarios continúan. Los ejemplos más recientes son dos mujeres cristianas de Alemania y Finlandia, trabajando para la Operación Mercy en Kabul, que fueron secuestradas y asesinadas en mayo de 2017.

Ser cristiano afgano significa tener coraje, llamado y obediencia. Cuando una persona nace en Afganistán, ya es considerado musulmán; por lo tanto, es como si no hubiera elección de lo que - o a quién - seguir.

La República Islámica de Afganistán no permite que ningún ciudadano afgano se convierta en cristiano ni reconoce a los convertidos como tal. La conversión es vista como apostasía y motivo de vergüenza para la familia y la comunidad. Por lo tanto, nuevos convertidos permanecen como cristianos secretos cuanto pueden.
Todos los cristianos de nacionalidad afgana son convertidos de origen musulmán. Si se descubren, se enfrentan a la discriminación y la hostilidad (incluso a la propia muerte) en las manos de su familia, amigos y comunidad.

La cultura está enraizada en las tradiciones familiares y tribales. Si alguien se atreve a volver contra sus tradiciones para abrazar algo nuevo, enfrenta alta presión para volver a las antiguas prácticas. Si eso no sucede, tal persona es vista como traidora, y consecuentemente, es excluida.
 

• Los cristianos ex musulmanes enfrentan una fuerte presión de su familia y comunidad para negar su fe cristiana. Dependiendo de la tradición de la familia, algunos incluso temen por su propia vida. Vivir abiertamente como un cristiano no es posible. Ora por coraje y protección a los cristianos afganos.

• La República Islámica de Afganistán no permite la conversión del islam a otras religiones. La práctica es vista como apostasía y trae vergüenza a la familia y a la comunidad. Intercede para que haya cambio en las leyes del país y para que exista libertad religiosa.

• El nivel creciente de violencia crea un sentimiento general de inseguridad y no hay señales de mejora para el futuro. Ora por estabilidad y paz en Afganistán.