Testimonios

Como los testimonios de los cristianos perseguidos de India demuestran el carácter de Dios

Una iglesia que persevera

Tradicionalmente, el hinduismo y el budismo, ambos originados en India, eran considerados religiones de paz. En las últimas décadas, sin embargo, esta situación se transformó cuando algunas vertientes de estas creencias asumieron una postura de violencia extrema.

Desde entonces, la tolerancia con las minorías religiosas y culturales disminuye, especialmente en las áreas más remotas del país.

Según las estadísticas de Puertas Abiertas, se estima que por lo menos 8 cristianos fueron asesinados y más de 24 mil agredidos físicamente en el periodo del año pasado, por causa de su fe en Cristo. Se cree también que, por lo menos, 34 iglesias fueron atacadas y damnificadas y 336 cristianos tuvieron que huir de sus casas. Los datos son tan alarmantes que llevaron al país a subir 9 posiciones en el ranking de la persecución, colocándose en la posición 11° de la Lista Mundial de la Persecución 2018.

La Iglesia en la India enfrenta la persecución más extrema y violenta de su historia e aun así podemos ver una iglesia firme, que crece y descansa en un Dios Todopoderoso.

Vipur* y Reena* son cristianos de la India que fueron alcanzados por la persecución y decidieron permanecer fieles y en Cristo ellos son capaces de decir, delante de un escenario tan terrible, que está haciendo un trabajo increíble, mostrando aspectos de su carácter inmutable.

Un Dios que cura

Vipur creció en una familia hindú, pero conoció a Cristo a través de un amigo, que oró por él cuando enfrentaba una enfermedad muy grave. La verdad de Dios penetró en su corazón y, poco tiempo después, él fue bautizado y dejó sus tradiciones hindús para atrás. Hoy, este valiente cristiano sirve a Dios en su aldea, discipula nuevos convertidos y lleva a Jesús para las demás personas por medio de una red de iglesias domésticas donde Vipur es el líder.

En la India, las personas como Vipur son mal vistas – los extremistas entienden que los pastores cristianos obligan y fuerzan a los hindús para convertirse a Cristo y, por ello, los agreden. Hace un año, Vipur se vio en una emboscada al regresar a casa, después de un culto en una iglesia doméstica. Incapaz de defenderse, fue herido fuertemente con un cuchillo. El cuchillo penetró cinco veces su cuerpo y lo dejó prácticamente muerto. Un socio de Puertas Abiertas supo de esta situación, entonces, lo llevó para un hospital y pagó todos los gastos médicos.

“Si usted, como socio, no tuviese permitido que él me ayudase, las iglesias que apoyo no tendrían un pastor. Mi esposa no tendría un marido y mis hijos no tendrían un padre. Estoy vivo gracias a sus oraciones y apoyo”, cuenta Vipur.

El camino de superación aún es largo. El ataque dejó heridas profundas: meses de cama, debilidad, sordez, ceguera parcial y problemas respiratorios, pero Vipur es un guerrero en Cristo: “A pesar de mis heridas, nunca pensé en dejar el ministerio o salir de mi aldea. Dios me condujo. Me siento muy débil físicamente, pero Él me hace fuerte. Eso es lo que Dios me dijo que tenía que hacer: Ser fuerte en Él. Además, no puedo huir. ¿Para dónde voy a correr? ¿Con cuál objetivo? Donde sea que yo vaya para servir al Señor, allí la persecución me espera. Aquí en India, la persecución es parte de la vida de todo cristiano”, él cuenta.

Un Dios que salva

Nuestros hermanos en India cuentan con el apoyo del cuerpo de Cristo para perseverar, como Reena, una joven de 20 años.

Su familia tiene origen hindú, pero sus padres se convirtieron cuando ella era aún una niña. Ella siempre supo que la persecución era parte de su vida como cristiana, pero no se imaginaba las consecuencias de su decisión a Cristo podrían ser tan devastadoras.

Tímidamente, Reena recuerda: “Cuando era pequeña, los niños hindús no querían jugar conmigo. Cuando la comunidad se enteró de nuestra fe, los vecinos nos prohibieron el acceso al abastecimiento de agua local. Recuerdo que mis padres tenían que caminar muchos kilómetros para llegar hasta un río de donde sacaban agua”.

Algunos años después, trabajando como profesora, se le negó el pago de su salario por varios meses. Cuando otra escuela le ofreció un trabajo, ella aceptó y comenzó todo de cero. Sin embargo, en una reunión con otros profesores, la persecución nuevamente la alcanzó. Los profesores le ofrecieron dulces, los cuales contenían un tipo de droga y al ingerirlos inocentemente ella se desmayó. Reena despertó 10 días después en una gran ciudad, localizada a 15 horas de su ciudad natal. Con ayuda de un amigo de aquella ciudad, Reena pudo regresar a casa.

El director de la escuela fue cuestionado por la policía, pero no fue preso. Él juró venganza. Debido a este incidente, Reena salió de su ciudad y ahora vive con su hermano, lejos de sus padres, buscando encontrar en Dios ánimo y esperanza para vivir.

Por medio de una red de apoyo de Puertas Abiertas, ella tuvo acceso a cuidados médicos y también a tratamiento psicológico para tratar las heridas dejadas en su alma y mente. Reena quiere compartir su gratitud con el cuerpo de Cristo: “Quiero agradecerle a todos aquellos que me apoyaron a través de su oración, ayuda financiera y también aquellos que estuvieron conmigo en mis luchas. Es por causa de su ayuda que soy una persona nueva y recuperada hoy”.

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